Dangerous writing

Cuando Chuck Palahniuk empezó a ir a cursos literarios, sus compañeras de mesas solían ser señoras de mediana edad que escribían historias de amor puro, que describían cocinas con piezas de porcelana divina o que ponían a sus personajes a podar el rosal del jardín. Todas aquellas mujeres querían ser Agatha Christie y se sentían incómodas escuchando los relatos de violencia y secreciones humanas de aquel joven espigado. Un día Chuck fue llevado aparte y le explicaron que no encajaba bien en la clase. Le dijeron que tal vez podría aprovechar mejor su tiempo en otro lugar, y le recomendaron que se pusiese en contacto con Tom Spanbauer, un autor que acababa de instalarse en la ciudad y que iba a dar talleres de vez en cuando.

Tom Spanbauer estaba todavía limpiando la que sería su nueva casa cuando conoció a Palahniuk. Le llamó la atención la puntualidad del joven autor y la camisa blanca, bien planchada y almidonada que lucía. Le cobró 20 dólares y esa misma noche le presentó a la escritora Amy Hempel. Fue entonces cuando Palahniuk escuchó hablar por primera vez de  Dangerous Writing. Del minimalismo en los textos, los coros, la lengua quemada, de la narración a través de sensaciones físicas o de las formas de evitar la linealidad. En aquellas clases, en 1991, ante una mesa de cocina de Portland, todo cambió. La historia cultural de la ciudad y también la literatura actual.

Chuck Palahniuk recordaba en una entrevista uno de los primeros consejos que Tom le dio: ¿Por qué no escribes tal y como hablas? La escritura peligrosa intenta hacer reír primero al lector y después, romperle el corazón.  Se centra en los miedos del autor, en lo que le avergüenza y le obliga a ser sincero respecto a ello, a desnudarse. Uno de los ejercicios que Spanbauer le suele pedir a sus alumnos es que redacten sobre el momento que les hizo cambiar. Así de simple.

La lista de espera para aprender Dangerous Writing con Spanbauer es ahora interminable. Y cada vez que Palahniuk ha impartido talleres, las plazas han volado. Palahniuk aprendió de Spanbauer y Spanbauer aprendió de Gordon Lish y Stephen Spender. Un maestro lo es porque primero fue alumno. Ley de vida.

 

 


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