La línea que separa el dibujo de la realidad

Nos criamos viendo dibujos animados mientras merendábamos. Nos hipnotizaron a base de conejos que le tomaban el pelo a los cazadores, sentíamos simpatía por canarios cabezones que fingían ser tiernos mientras torturaban a gatitos poco espabilados y nos hacían gracia las mofetas con acento francés que acosaban sexualmente a animales que no eran de su especie. Pasamos muchas horas de nuestra infancia delante del televisor y puede que entonces no tuviésemos clara la separación entre lo que es de verdad y lo que no. Nos hubiese gustado convivir con aquellos personajes que explotaban, abrían puertas en las paredes solo con dibujarlas con una tiza o que se sacaban yunques del bolsillo. Ahora que somos adultos, seguimos buscando esos rincones en los que las fronteras se difuminan. Y hemos descubierto unos cuantos de esos rincones:

1. Existe una marca ACME

En Tribulaciones de un científico español en Albuquerque nuestro wrighter Ernesto Caballero-Garrido narra su experiencia personal trabajando en Nuevo México. En uno de sus paseos creyó encontrarse con el logotipo de aquella compañía que tantas trampas para correcaminos fabricaba.  Eso es regresar durante un momento a la infancia.

2. Existe una ciudad de Bedrock

Si uno busca “Bedrock City” en Internet obtendrá referencias de google maps. Alguien pensó que sería buena idea reconstruir, en una zona árida cerca del Gran Cañón del Colorado, la casa de Pedro Picapiedra. Allí hay oficina de correos prehistórica, un supermercado en el que comprar chuletas de brontosaurio o un cine al aire libre para troncomóviles.  El parque tiene un aire decadente y de lugar abandonado que, en nuestra opinión, lo hace aun más atractivo.

3. Existe un estadio Isótopos de Albuquerque

Homer Simpson hizo una huelga de hambre para evitar que el equipo de béisbol de su ciudad se mudase a Albuquerque. En aquel capítulo los Isótopos se quedaban en Springfield y todo el mundo olvidaba el asunto, pero en la vida real no. La ciudad de Albuquerque cambió el nombre de su estadio para homenajear a Los Simpson, esa serie que siempre ironiza sobre el estilo de vida norteamericano.


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