¿Qué leen nuestros Wrighters? Ernesto Caballero-Garrido

La lectura nos hace viajar y eso también le pasó a nuestro científico y escritor Ernesto Caballero-Garrido durante su adolescencia. Años antes de pisar Estados Unidos, ya había visitado uno de sus estados recorriendo las páginas de un libro que le marcó. ¿Os imagináis cuál es?

John Kennedy Toole. Un nombre que no me decía nada cuando era un adolescente hasta que un día vi a mi madre leyendo un libro mientras sonreía y yo reparé en su título: La conjura de los necios. En la portada aparecía un señor blandiendo en una mano lo que parecía una cimitarra y un sándwich en la otra; cubría su cabeza con un gorro de invierno y su cara escondía una mueca que no dejaba claro si era risa o asco.

No pude esperar para conjurar su lectura y desde luego mereció la pena. Un libro de esas características no puede dejar impasible a nadie. Por un lado, la historia de Kennedy Toole que, tras escribir la novela y no conseguir publicarla, se suicidó. Fue su madre quien, a sus 79 años, consiguió que la publicaran. En pocos meses alcanzó el éxito y, poco tiempo después, un premio Pulitzer.

Por otro lado, su lectura me trasladó a Louisiana, el único estado que me dejó con ganas de más cuando estuve en él. Navegué con Ignatius, su pícaro protagonista, al que me costó decidir si amar u odiar, pero en ningún momento me dejó impasible. He de confesar que finalmente decidí amarle. Algunos le han descrito como un Don Quijote adiposo, otros simplemente le aborrecen. Para mí fue un punto y seguido en mi adolescencia. La historia tras el autor, y el personaje en sí mismo hicieron mella en mí.

Fue uno de esos libros que he llevado muchos años dentro hasta aterrizar en Estados Unidos y pasar por el estado donde fue escrito, momento en el que entendí muchas cosas. ¿Una obra maestra? ¿El delirio de un enfermo mental? Para mí fue mucho más: un libro que me apasionó.


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