10 relatos perfectos para 120 Pies

Nos gustan los relatos. Mucho. Si eres un lector habitual de novela y quieres adentrarte en los terrenos del relato corto, o te apetece descubrir nuevas historias para añadir a tu lista de favoritos, te ofrecemos una selección de algunos de los textos que más nos han marcado. Canela fina.

 

El pozo y el péndulo (Edgar Allan Poe)

Porque ha pasado siglo y pico desde que se publicó y hoy día todavía se sigue sintiendo la angustia frente a la oscuridad y los sonidos que escucha el protagonista. Una pieza maestra del terror.

 

El vendedor de pararrayos (Herman Melville)

Porque combina, en un difícil equilibrio, el humor y el suspense. Leerlo es actuar como el espectador de un partido de tenis, siguiendo la pelota de un lado a otro sin saber qué jugador ganará.

 

Encender una hoguera (Jack London)

Porque utiliza magistralmente el espacio, nieve y nada más que nieve, para retratarnos la desesperación de un hombre en mitad de la nada con pocas cerillas y un perro.

 

Un artista del hambre (Franz Kafka)

Porque, a partir de una premisa muy simple, nos adentra en un mundo en el que nadie gana ni todo se comprende. No le sobra ni una sola palabra.

 

Los asesinos (Ernest Hemingway)

Porque se lee esperando que pase algo y se termina con la sensación de que ha pasado y no nos hemos enterado de nada. Uno de esos relatos que dejan descolocado.

 

Un día perfecto para el pez plátano (J. D. Salinger)

Porque narra lo que parece una mañana de playa anodina que no lo es en absoluto. Salinger es un maestro de las conversaciones perturbadoras y aquí lo demuestra otra vez.

 

Una luz en la ventana (Truman Capote)

Porque ofrece una de esas imágenes impactantes que no te puedes sacar de la cabeza nunca más. En una frase: “el Capote menos sofisticado, unplugged”.

 

Un hombre bueno es difícil de encontrar (Flannery O’Connor)

Porque va ganando en tensión a medida que pasan las páginas, acabando en lo más alto. Un estudio de la personalidad humana en el que no hay quien se salve.

 

Valentía (Richard Bausch)

Porque la impotencia del protagonista despierta las ganas de entrar en el relato y echarle una mano. Deja un poso de amargura y de que no importa lo que se haga cuando ya todo está acabado.

 

Ofertorio (Amy Hempel)

Porque Hempel nunca escribe una frase en vano. Todas ellas son tan certeras y afiladas como simples. La autora en este relato acerca de las mecánicas del deseo y lo prohibido.


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