A los pies de Javier González

Camino a casa.

Giro inesperado.

Mis deportivas.

Siempre vuelvo a casa por el mismo camino. Cruzo la plaza en diagonal, bajo por la calle que queda frente a la cafetería, giro a la derecha y entro en el portal que está un poco más arriba, en la acera de la izquierda. Es para poder pensar en otras cosas. Cosas importantes, ya sabes. Hace unos días, algo sin importancia me distrajo de mis pensamientos. Son unas zapatillas deportivas negras con adornos blancos y plateados. Yo siempre calzo zapatos de cordones, por eso me extraña tanto haberme fijado en ellas.

Recordé cuando murió mi abuelo. Yo era un niño y nunca me había parado a pensar en eso de la muerte. Estaba tendido en la cama, envuelto en una sábana que solo le dejaba el rostro a la vista y unos algodones blancos le salían por los orificios de la nariz. Pensé que le habían crecido muchas canas y casi me entra la risa. Cuando vi las zapatillas que se ponía para estar en casa, esperando obedientes al lado de la cama, solo entonces lloré.

Desde que las deportivas negras y plateadas llamaron mi atención, allí solas como un cachorro abandonado, no puedo dejar de mirar el escaparate.

A los pocos días estuve a punto de entrar a por ellas, pero me miré los pies y seguí calle abajo, como siempre, giré a la derecha y subí a casa. Otro día que ya estaba empujando la puerta de la tienda, apareció un vecino y nos fuimos a tomar un café; cuando quise darme cuenta, ya había pasado la hora de cerrar. Semanas después iba decidido a entrar para comprarlas, pero me encontré con un cartel: Cerrado por vacaciones. Casi me alegré, porque el tiempo lo cura todo y era la única manera de olvidarme de ellas. No son para ti y punto, pensé y seguí calle abajo, giré a la derecha y subí a casa.

Como cada día, hoy he vuelto a atravesar la plaza en diagonal, he bajado por la calle frente a la cafetería y, a pesar de que ha pasado mucho tiempo y pensé que las había olvidado, ahí estaban de nuevo, mirándome desde el escaparate. No había cartel en la puerta ni vecinos cerca, así que he entrado. He salido de la tienda con ellas puestas y he seguido mi camino calle abajo, pero hoy he girado a la izquierda.

 

(Este texto pertenece a la serie especial que hemos creado en 120 Pies. En esta editorial los pies son importantes, sobre todo para recorrer distancias que parecen inabarcables, así que decidimos pedirles una foto de su parte más inferior a nuestros autores y hacerles a todos la misma pregunta: ¿Hacia dónde te llevan tus pies? Esta es una de las contestaciones que recibimos.)


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