A los pies de Pablo Garcinuño

Llámame, Julen

La terrible realidad es que ya nunca me vestiré de corto en un mundial de fútbol. La vida continúa mientras uno asume este tipo de miserias. Está bien así. Es cierto que jamás jugué bien, ni siquiera regular. Muchos me habréis visto esperando a que alguien me elija en su equipo: pasé eternidades aguardando mi momento durante aquellos recreos. Pero es que no se trata de hacerlo bien o mal, se trata de tener la posibilidad. Y ahora sé que yo nunca jugaré un mundial de fútbol.

¿Qué fue de aquellos compañeros? Cosecha del 81, ya desaparecida. Villa, Casillas, Xabi con b… No quiero aburriros. En Rusia los habrá más jóvenes, algunos terriblemente más jóvenes. Qué hijos de puta, que diría Arturo Belano de los poetas de Francia. O Love of Lesbian de los niños en manada. Hay mucho hijo de puta suelto, en eso estamos todos de acuerdo, da igual la generación.

Hay que convencerse de que está bien. Pero aún así, jode. Debería aceptar la derrota del tiempo con dignidad. Prohibido apuntarte a esa liga de futbito con los colegas. ¿Se sigue diciendo colegas? Nada de comprarse unas ridículas zapatillas fosforitas. No pedir una L (en el fondo sabes que ya no gastas una L, tú lo sabes) cuando haya que encargar la equipación porque el nombre del patrocinador se desvirtúa entre tantas redondeces. Resulta desgarrador ver cuánto sufren esas pobres letras. Ni siquiera te hacen bien los terceros tiempos. Deja la cerveza y asume lo evidente: jamás te llamará Lopetegui a estas alturas.

 

(Este texto pertenece a la serie especial que hemos creado en 120 Pies. En esta editorial los pies son importantes, sobre todo para recorrer distancias que parecen inabarcables, así que decidimos pedirles una foto de su parte más inferior a nuestros autores y hacerles a todos la misma pregunta: ¿Hacia dónde te llevan tus pies? Esta es una de las contestaciones que recibimos.)


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