Kepler y la brujería

Que en el siglo XVII había cosas que no estaban nada bien es un hecho que Katharina Kepler sufrió en sus propias carnes. Los límites establecidos por la literatura entre la realidad y la ficción no quedaban del todo claros para la mayoría de los mortales, hasta tal punto que la madre de nuestro autor más longevo fue acusada de brujería por lo que su hijo había puesto por escrito. Katharina fue denunciada por una vecina por intento de envenenamiento. Durante el juicio, y aunque el Somnium de Kepler todavía no había sido publicado, alguien consiguió hacerse con una copia para presentarla como prueba evidente de las malas artes de la mujer, lo que le costó su condena por bruja. Después de todo, Katharina tuvo suerte. No se encontró entre las ocho mujeres que fueron ejecutadas tras aquel sumario, por lo que solo tuvo que aguantar catorce meses de cárcel durante los que fue sometida a innumerables torturas.

Mucho tiempo después, el hombre pisó la Luna sin haber recurrido a hechizos ni conjuros, aunque saberlo a ciencia cierta no hubiera librado a Kepler del sentimiento de culpa por haber sido parte, aunque indirecta, de lo que tuvo que pasar su madre.


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