Nos gustan los falsos documentales

Nos gusta la gente que juega en la frontera entre la realidad y la ficción. Un mockumentary es como asistir a un espectáculo de magia: tanto si descubres el truco como si no lo haces, la fascinación está garantizada. Te ofrecemos los cinco documentales falsos preferidos de 120 Pies. ¡Imprescindibles!

 

1. La verdad sobre el Polo Norte. Frederick Cook (1902).

Un año antes de que Robert Peary se convirtiese en el primer hombre en pisar el Polo Norte, un doctor norteamericano comenzó a decir que él ya había realizado ese viaje con éxito. Rodó una película en decorados y falsas localizaciones que presentó como prueba de su expedición. Pocos le creyeron.  La cinta, vista hoy, tiene mucho humor: rótulos hechos con máquina de escribir, señores barbudos y con mostacho, y un aire a lo Philes Fogg y las ficciones de Méliès.

 

2. This is spinal tap. Rob Reiner (1984).

Esta película sobre un grupo de música falso tuvo tanto éxito que, al final, el grupo acabó sacando discos y dando conciertos reales. La cinta es muy divertida y su director la definió como mockumentary jugando con el término inglés mock (burla). Estamos, por tanto, ante el falso documental que bautizó todo el género.

 

 3. What we do in the shadows. Jemaine Clement y Taika Waititi (2014).

Este falso documental neozelandés sobre vampiros no se ha estrenado en España, aunque fue una de las películas más esperadas de la muestra de cine del último Syfy. Tan bueno como podría esperarse de uno de los componentes de Flight of the Conchords.

 

4. La verdadera historia del cine. Peter Jackson y Costa Botes (1995).

La película se hizo para celebrar el primer centenario del cine y, para ello, reinventaba toda la historia del séptimo arte a través de unas latas de película encontradas en un cobertizo. Este es el documental que cualquier estudiante de comunicación audiovisual debería ver en el primer año de carrera.

 

 5. Operación Luna. William Karel (2002).

Este es el falso documental que más equívocos debe de haber provocado. En él se pone en duda la llegada del hombre a la Luna durante la carrera espacial de la Guerra Fría. El presidente Nixon, agobiado por los avances rusos, decide rodar en un plató el alunizaje de Armstrong. Kubrick sería el director encargado de falsificar ese momento histórico que millones de personas vieron por televisión. Aún hoy algunos conspiranoicos utilizan las declaraciones que astronautas y políticos realizan en esta ficción para fortalecer sus argumentos.


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