¿Qué leen nuestros Wrighters? Ernesto Rodríguez

Es un ejercicio interesante descubrir los libros que leen los autores que nos gustan. Ernesto Rodríguez es el autor de El salto de Trafalgar, es profesor de español para extranjeros y dibujante. Además es un lector voraz, que os propone, en primera persona, algunos de sus títulos favoritos:

En este momento estoy leyendo Catalanes todos, de Javier Pérez Andújar, a quien le tengo un especial cariño de charnego.

¿Que qué lecturas puedo recomendar? Ahora mismo, a vuela pluma, me viene a la cabeza el estilo ágil y la estructura, perfecta como la maquinaria de un reloj, de La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, o ese monumento literario (porque eso es lo que es, no una novela, sino mucho más, algo mucho más grande y hermoso), que se llama Les veus del Pamano, de Jaume Cabré. No puedo olvidarme, ni aunque me lo propusiese, de Entrevistas breves con hombres repulsivos de David Foster Wallace, pues leyéndolo pensé: “yo aspiro a escribir un día si quiera la mitad de bien que este tío”. La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq, tiene, en mi opinión, un final que me parece insuperable. No puedo dejar de reivindicar a José María Fonollosa y recomendarte que le eches un vistazo a Ciudad del hombre: Nueva York, o sugerir Matadero 5, de Kurt Vonnegut, para pasar un buenísimo rato, o Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma, para ver cómo la lengua se convierte en arte. Si aún no has leído La Regenta, de Leopoldo Alas y La Peste, de Albert Camus, debes hacerlo ya.

También tendría que hablarte de algunos cómics. El primero suena a típico, pero me da igual: Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, es una de las mejores historias escritas el siglo pasado. Luego está 100 Balas, de Brian Azzarello y Eduardo Risso, que me parece mejor que la serie de HBO que más me haya gustado. Mondo Lirondo, del colectivo La Penya, es el artefacto más descacharrante que he leído en mi vida, y Las Meninas, de Santiago García y Javier Olivares, que es una obra que engrandece al medio, que no es poco.

También está todo lo que ha hecho Quino, y el teatro de Miguel Mihura, y la poesía de Miguel Hernández, o los articuentos de Millás… Y todavía me quedarían un montón de nombres por decir.


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