¿Qué leen nuestros Wrighters? Melanie Rostock

De lo que se come se cría.  Y parte de las lecturas que devora un autor marcan su escritura. Melanie Rostock, autora de Mójate,  repasa en primera persona las novelas que forman su universo particular.

Todo escritor que se precie tiene listas de lecturas en su haber y otra mucho más larga pendiente. Como dijo Arthur Schopenhauer, «junto con los libros, debiera venderse el tiempo suficiente para leerlos». Eso me lleva a recordar una figura muy interesante de Momo de Michael Ende: esos hombres de gris que fumaban constantemente y robaban el tiempo de la gente, porque así es hoy en día, el tiempo escasea y hay demasiados libros maravillosos que leer.
Siempre me han gustado mucho los libros juveniles porque fue por ellos que me inicié en la lectura y escritura. Me sumergí en el mundo de La historia interminable, de nuevo Ende, y antes de volver a poner los pies en el suelo, decidí perderme en las montañas de la Tierra Media. Pero el gusanillo de escribir despertó definitivamente cuando me subí al expreso de Hogwarts. Mi primera novela fue de fantasía juvenil, uniendo la magia con los seres mitológicos que siempre me habían gustado de niña, y escribirla, acabar por primera vez un proyecto de más de trescientas páginas, fue un reto y, sin duda, un aprendizaje para las que han venido después.
Si tuviera que decidirme por un favorito, no sabría cuál elegir, pero admito que me fascina la psicología de los personajes, y por tanto recomendaría todos los libros con personajes inolvidables: la Clara de Allende, la Alicia de Lewis, el Dorian de Wilde, el Frankenstein de Shelley, el Heathcliff de Brontë, el Torrance de Stephen King, los asesinos de A Sangre Fría de Capote, el Darcy de Austen, el incomprendido Ignatius de Toole… Podría seguir y no acabaría nunca. Además ya estoy empezando a ver el humo del cigarrillo de un hombre de gris.

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