¿Qué leen nuestros Wrighters? Miguel Ángel González

El autor de La luna de Armstrong y Kubrick, y ganador de la última edición del premio Café Gijón de novela, os habla de las lecturas que han marcado su trayectoria, en primera persona.

Mi última lectura del verano ha sido Galveston, de Nic Pizzolatto, autor que ha saltado a la fama por ser el creador de True Detective, la serie de la HBO. La novela, aunque menos oscura y profunda que ella, recuerda a la serie en muchos aspectos. Una historia con diálogos contundentes y tipos duros que beben cerveza Lone Star.

En mi infancia y adolescencia mi estilo literario evolucionaba con cierto desorden en base a lo que leía en cada momento. De niño leí Colmillo Blanco, de Jack London, y quise ser escritor de libros de aventuras. Un par de años después, en plena pubertad, leí El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger, y todo lo que escribía entonces tenía un cierto aroma a Holden Caulfield. En esa misma etapa devoraba las novelas de terror de Dean R. Koontz y le imitaba escribiendo relatos de misterio. Hasta que un día un amigo me dijo: “Deberías leer a Bukowski, te cambiará la vida”. Esa misma tarde fui a la biblioteca y cogí un ejemplar de la edición de bolsillo de la novela Cartero. La leí de un tirón. Y mi forma de escribir cambió para siempre.

A las personas que han leído La luna de Armstrong y Kubrick, por el tipo de género en el que se enmarca la novela, les recomendaría leer El adversario, de Emmanuel Carrère. También Ataúdes tallados a mano, de Truman Capote, por ejemplo. Y, aunque no sea un libro, les recomendaría encarecidamente ver el documental La verdadera historia del cine, de Peter Jackson. Fue el primer mockumentary que vi, y sin él seguramente hoy no existiría La luna de Armstrong y Kubrick.


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